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Archive for 25 febrero 2010

Puntuación: 5 de 5

¿Existe tal cosa como documental de horror? Es probable que este sea el primero de muchos.

La mayoría de los documentales socialmente responsables y rabiosos de indignación, nos fuerzan a presenciar alguna tragedia en retrospectiva, esperando que aprendamos algo de nuestros errores. The Cove es tan oportuno que me duele infinitamente.

Este no es un documental ambientalista que intenta regañar al espectador para que vaya a sembrar un árbol. Cualquier insensible puede inferir que el contenido de este film inspira una indignación sin límites que requiere de su público una respuesta inmediata.

The Cove nos ubica en una lejana costa del Japón, donde un puñado de hombres desesperados y resentidos guarda un secreto que vale mucho dinero y donde un ex entrenador de delfines comienza su camino a la redención.

Rick OBarry representa la cara humana de esta historia. En los años 60, el señor OBarry fue el responsable de capturar y entrenar a cinco delfines que terminarían interpretando al sensacional Flipper en la famosa serie de televisión. En la medida que su relación se fue haciendo más estrecha con estos animales, OBarry comprendió que son creaturas sumamente sensibles, inteligentes y consientes de sí mismas, tan adaptadas a su vida salvaje que al someterlas al cautiverio se les está infligiendo un daño inmensurable. Como consecuencia de un terrible acontecimiento en la vida de OBarry, este es inspirado a cambiar de actitud y se propone impedir que está actividad continúe alrededor del mundo.

Su misión lo lleva a Taiji, un pueblo que aparenta ser devoto de las ballenas y delfines que nadan en sus costas, pero nada puede estar más lejos de la realidad. El lugar es una especie de Rosswell o Hangar 18 para los japoneses de la zona, el acceso está prohibido para extraños y la complicidad del gobierno está a la orden del día. Es por esto que OBarry buscó la ayuda del cineasta Louis Psihoyos y de la Sociedad Preservadora del Océano para exponer los terribles acontecimientos allí ocurridos.

Obarry y Psihoyos arman un equipo, como bien describen, a la Ocean’s Eleven, para desenmascarar el complot. Con un grupo de expertos en cualquier variedad de disciplinas, la policía pisándole los talones y un montón de hazañas peligrosas, Psihoyos logra colocar equipos ocultos de grabación para documentar las atrocidades cometidas por los pescadores. El resultado es simplemente devastador.

La película en sí, es un acto de heroísmo, que nos lleva a lo profundo de las líneas enemigas con un resultado que hay que ver para creer. Está más que advertido que el contenido es sumamente perturbador, pero es algo que realmente hay que ver. La indignación va por la casa.

Al terminar el documental no podía dejar de sentirme culpable y decirme a mí mismo ¿cómo he podido ser tan ignorante? No puedo evitar sentirme cómplice en algún grado de los acontecimientos expuestos.

The Cove es una confirmación de dignidad humana ante lo innombrable. Crear conciencia y reacción es su estandarte.

La acción que inspire este film debe ser concienzuda. Nadie te está pidiendo que vayas a pelear con los pescadores japoneses como hacen los adeptos manipulados por Greenpace, cuyos dirigentes tienen participación en todas las comisiones políticas dedicadas a evitar que este tipo de cosas pasen pero no hacen nada porque también reciben su buena tajada cortesía de la carne de delfín.

Yo crecí viendo y adorando las películas de terror pero nunca había visto algo tan perturbador como las imágines finales de The Cove.

Espero sinceramente que este documental sea una pieza de conciencia viviente que se contagie alrededor del mundo, esparciendo ondas de cambio que lleven a una controversia masiva y por ende a resultados favorables, una justicia global.

The Cove no es solo un documental que comparte con nosotros una tragedia con una historia fascinante, sino que quizás ayude al mundo a ser un lugar mejor. Un testimonio del poder del cine y por ende de lo que debería ser un documental.

El trailer:

Crear conciencia y divulgarla es lo mínimo que podemos hacer. Para colaborar o ayudar de alguna manera, por favor ingresen aquí:

http://www.takepart.com/thecove

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Hollywood se ha contagiado de una nueva fiebre, la de los lentecitos 3D. La locura desatada por la redescubierta ilusión óptica tan solo empieza a insinuarse en el horizonte. Solo basta con mirar la cantidad de películas anunciadas en las recientes semanas que se irán al famoso formato. Mientras sea financiable, se convertirá en un hecho, y es que la tercera dimensión huele a mucho dinero.

Los dueños de los estudios cobran más por películas en este formato, y mientras más se unan al club, mayor serán las ganancias.

El abrumador éxito de Avatar ya ha traído consigo consecuencias ridículas, como en China, donde no se exhibió dicha película en 2D. Si la tendencia continúa a este ritmo, se convertirá en mandato universal hasta el punto que las películas en 2D sean obsoletas. ¿DVD, Blu-Ray? Olvídenlo, 3D Blu-Ray es inevitable y está a la vuelta de la esquina. Si tienen planes de comprar un televisor nuevo, olvídenlo, más pronto que tarde la tecnología 2D estará fuera del mercado cinematográfico casero.

¿Cuál es mi problema con esta reciente tendencia? Que no todas las películas necesitan ser hechas en 3D. El taquillazo de Cameron ha desatado el hambre descontrolado de la industria cinematográfica, donde películas que no fueron ideadas para tal fin están siendo adaptadas al futuro tecnológico como es el caso de Clash of the Titans, donde resulta costoso e inútil.

Usar los pesados lentes 3D de vez en cuando está bien, pero al ritmo que vamos, será de uso obligatorio. No, no exagero, Harry Potter, Iron Man, la atorrante Transformers, Underworld, Ghostbusters, James Bond, Twilight y Spider-Man, son algunas de las franquicias que van con todo y ni hablar de las viejas que serán relanzadas como Star Wars o The Lord of the Rings.

Para una película de una hora y media como tope, está bien, pero las cintas tienden últimamente a perder el control en cuanto a su duración, ahora es común que la película más simplezca te lleve más de dos hora de tu tiempo, casi siempre inmeritoriamente. El nuevo y último film de la saga del mago Potter, indudablemente estará por las dos horas y media aspirando a las tres. Seguro será divertidísimo para los que ya de por si usan lentes o que lleven niños.

Algo que por lo visto a nadie se le ha ocurrido es la ubicación en la sala de cine. De por si estos espacios cuentan con algunos asientos de ubicación terrible, imagínense quedar en la primera línea con una película 3D. La magia del formato no se disfruta si no es aprovechada desde al ángulo correcto, bordes borrosos y mayor concentración es inevitable si no se tiene un asiento céntrico.

A estos factores hay que agregarle los dolores de cabeza y las náuseas, por suerte nunca he padecido de ninguna de las dos, y sin embargo al final de Avatar ya quería tirar los lentes contra la pantalla. No es sabio ignorar la cantidad de personas que tienen problemas de vista y que les toma más trabajo procesar estás imágenes, con el tiempo este sector de espectadores sencillamente optará por no ver la película antes de tener que someterse a una migraña cinematográfica.

Una excusa de otra dimensión

El 3D existe desde los años 40, y tomó unos 70 años de espera para que apareciera una película que lo hiciera meritorio. Pero más allá del redescubrimiento visual, Avatar probó que una película que usualmente hace 200 millones de dólares en taquilla, pasaría a recolectar unos 300 millones gracias al alquiler por el uso de los lentes. De por si, el costo de las entradas al cine aumentó sin derecho a pataleo, si a eso le agregamos el costo de los lentes, podríamos ir olvidando al séptimo arte como un medio de entretenimiento popular.

El 3D está revolucionando el mercadeo, no el medio audiovisual.

Si le pones la etiqueta de LEVIS a un jean de una marca irreconocible y de penosa elaboración, mucha gente no se dará cuenta de la diferencia y lo compraran llenos de júbilo. Lo mismo ocurre con los próximos lanzamientos Hollywoodenses, mucha basura disfrazada con lentes 3D. Espectadores ingenuos verán el logo y pensaran que los espera una aventura digna dentro de la sala de cine, pero lo que no saben es que los aguarda una pesadilla tridimensional. Gracias a esta ingenuidad, estás basuras para todo público hacen un montón de dinero en taquilla que solo sirve para ser invertido en más basura con más dimensiones y menos contenido.

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